martes, 22 de mayo de 2012

Su corazón deja de latir y sus pulmones ya no se llenan de aire.

"No puede ser, no, no quiero que ella muera" piensa Monno mientras cada vez aprieta más a la chica a su cuerpo. Ella nota el corazón del muchacho, le hace sentir segura, pero nota la sangre por su brazo, sabe perfectamente que este es su final.
Monno observa de lejos el trozo de guitarra que tiró. Apoya lentamente a la chica en el suelo y va hacia el trozo. Lo coge con la esperanza de que salga alguna nota. Toca, toca y toca pero no sale nada, mira hacia ella y llora, "no puedo fallarla". De repente toca dos notas seguidas y aparece una pequeña lata de monster. La agarra con prisa y se acerca a la chica. La lata no es de color azul ni verde, ni de los colores típicos, la lata no tiene un color en concreto. Desde un lado se puede ver de un color y desde otro lado de otro color. -Te pondrás bien enseguida- dice mientras levanta la camiseta de la chica. Abre la lata y vierte el monster sobre la herida. Ella aprieta con fuerza la mano de Monno, hasta que, su mano ya no aprieta, su corazón deja de latir y sus pulmones ya no se llenan de aire.

Abre los ojos, pestañea un par de veces, levanta la mirada y observa una habitación desconocida. Mira a su alrededor y observa unas cuantas guitarras. "Pero... ¿Dónde estoy? Si yo me acuerdo de estar en el salón del nazi, y que había llegado Monno y que recibí un..." rápidamente se levanta la camiseta, lo ve. Ve la enorme cicatriz que demostraba que lo que había ocurrido no era un tonto sueño. Entonces aparece por la puerta una perra, una perra ya conocida por Kristie de sobra. La perra salta encima de la cama, se pone encima de ella y le empieza a lamer la cara. Kristie no podía estar más feliz, pero cuando se da cuenta está delante suya él, ese muchacho que lleva salvándole dos veces. Se levanta de la cama, se queda delante delante de él y antes de que  pueda decir nada le abraza, le abraza con todas sus fuerza. -Te has puesto de puntillas- dice Monno mientras sonríe. -¡Por supuesto! ¿Qué clase de ser bajo soy si no me pongo de puntillas para abrazar a mis héroes?-
Kristie se sienta sobre la cama y respira tranquila -¿Te... te duele?- pregunta Monno señalando a la cicatriz -No... gracias. Sé que con un simple "gracias" no te lo agradezco todo lo que has echo por mi, pero... gracias- Monno la mira y le sonríe -No seas tonta ¿vale? Tú me has salvado la vida, yo solo te cuidé cuando lo necesitabas-

Tras una mañana llena de sonrisas, acordes, cafés y abrazos, Kristie comunica a Monno que tiene que volver a su casa, tiene que ir a por su pony con manchas. Él le acompaña hasta la calle -Cuídate ¿ oíste? no quiero que te pase nada- le dice mientras la abraza. -Tranquilo, es ir y... volver. No quiero quedarme allí todo la vida, la verdad, nos veremos pronto- Ella se separa, acaricia a la perra y mira a Monno -Volveré. Kristie SIEMPRE vuelve para atormentar tu vida- se acerca a él, se pone de puntillas y le da un beso en la mejilla. Da un paso hacia atrás, los dos suspiran, los dos piensan los mismo pero ninguno lo dice, sabes que sobran las palabras. Ella se da media vuelta, empieza andar, él se queda mirando pero, de repente sale corriendo a por ella, la para -Se te olvida eso- le enseña su gorro azul y se lo pone -Así mejor, ya eres la Kristie de siempre- Ella sonríe, por dentro no quiere irse, se quiere quedar y vivir alguna aventura más con él, pero no puede, tiene que ir a por su pony. Kristie no dice nada, se da media vuelta y sigue andando. Cuando nota que Monno va a entrar en el edificio se gira y grita "Te prometo que viviremos más aventuras".

lunes, 21 de mayo de 2012

Debo saber el nombre de mi héroe.

Juntos, tras una semana de sufrimiento, no dicen ninguna palabra, solo se abrazan, y es que para ellos eso es suficiente. Suena un golpe. El muchacho se levanta y protege con su cuerpo a la pobre chica mal herida. Por la puerta aparece el malvado nazi con una espada. -Sabía que ibas a venir... Siempre tienes que ser el maldito héroe ¿verdad? Tienes que destacar en todo... pues estoy harto- dice mientras da pasos cortos delante de ellos. -No, no hice todo esto para hacerme notar. Lo hice porque ella necesitaba mi ayuda y punto. No sé porque sigues con la misma historia cunado sabes perfectamente que yo ya no formo parte de tu ridículo juego- se gira y mira a la chica si está mejor, ella está tirada, bien pero herida. Él se acerca y se quita su camisa, le envuelve el brazo, le sangra bastante, tiene que cubrirlo. Cuando está él de espaldas, agachado, el nazi va a por él con la espada, la chica lo ve, se levanta con todas sus fuerzas, aparta al muchacho y es atravesada por la espada. Queda todo en silencio, el tiempo va a cámara lenta. Cuando el muchacho ve tal imagen, se levanta furioso, tira al suelo al nazi y le empieza a dar puñetazos. Le mira, observa que tiene toda la cara ensangrentada, entonces se levanta del suelo, ni le mira. Se dirige hacia ella, la coge con cuidado y la apoya en sus rodillas, posando con cuidado su cabeza en uno de sus brazos. -Te pondrás bien, no cierres los ojos, háblame de ti, dime ¿cómo te llamas? ¿de dónde  vienes? Por favor, dime algo, pero no cierres esos ojos marrones.- La chica abre los ojos, apoya su cabeza en el brazo del muchacho, no mira a su barriga, nota la enorme herida que tiene, siente la sangre cayendo por su mano. -Me... me llamo Kristie. Soy de un lugar que muy pocos conocen, por su mala suerte. Tengo un pony de manchas, es el mejor, le hubieras gustado y.... y.... debo saber el nombre de mi héroe. Por lo menos. Antes de morir ¿no crees?- se junta más al cuerpo de el muchacho. -¡Eh! ¡Eh! Escucha, no, no cierres los ojos. Me llamo Monno y no soy ningún héroe, ¿oíste? Un héroe salva la vida de los demás... aquí la única heroína eres tu, Kristie.-
La mira, ella sonríe, él no puede más y llora, silenciosamente pero llora. No sabe que hacer, no sabe que decir, ni sabe que siente en estos momentos, pero nada bueno, de eso esta seguro. Kristie abre los ojos, levanta una mano y le quita las lágrimas -No llores, mi héroe. No quiero verte llorar ¿vale? Quiero verte feliz, quiero verte sonreír, sé que esto millones de personas te lo han dicho y que te lo dirán pero, estás más guapo cuando sonríes. La gente que mira tus comisuras elevadas se olvidan de sus problemas. En serio Monno.... no llores por mi.- Se levanta, tal vez con sus últimas energías y le da un beso en la mejilla.

domingo, 20 de mayo de 2012

Quince días, siete latas de monster y cero ganas de abandonar.

Él subió hasta casa, agarro su guitarra mágica y se despidió de su perra -Nos veremos pronto, tengo que ir a salvarla- digo mientas le acariciaba la cabeza. La perra se sentó en el suelo de la cocina, no ladro ni un poco, se sentó como si pudiera entender que esto era realmente importante para él. Cerro la puerta, comprobó que llevaba todo, y con el "todo" se refería a su guitarra y metido en la mochila el gorro de la chica. Sabía perfectamente a donde se tenía que dirigir, y también sabía que ese viaje le podía costar la vida. "Querida chica baja, nos separan treinta días y lo que tarde en matar unos cuantos seres, pero te juro que te daré el gorro. Sobrevive por favor..." pensaba el muchacho mientras empezaba su aventura.

En otro lugar se encontraba la chica tirada, inconsciente en el suelo de un cuarto oscuro. En otra sala el malvado chico. Sentado, hablando con una chica. -Amo, ¿qué harás con la prisionera?- decía la chica mientras le daba un masaje en la espalda -Pues... la verdad, creo que la convertiré en una esclava, o puede que sea mi mujer.- La chica paró en seco, no podía creer lo que había escuchado, llevaba cinco años cuidando, sirviendo a su amo para conseguir un día su amor y ahora una simple chica le iba a arruinar todo su plan. -Amo, señor... ¿no cree qué es un poco precipitado todo eso?  No sabes quién es, puede ser peligrosa-
Él se levantó, la miró y le dio un golpe -¿Crees qué estoy equivocado?- le gritaba mientras ella estaba en el suelo tirada. -En serio, no sé porque no te maté cuando te conocí-
Se dirigió al cuarto donde estaba, ya consciente, la pequeña chica. -Ven preciosa, no te voy a hacer daño- dijo él mientras se iba acercando poco a poco a ella. -¡ALÉJATE! ¡NO ME TOQUES!- gritaba ella entre lágrimas. El muchacho observo que ella se tranquilizaba un poco al abrazar el gorro de su enemigo -¿Crees que va a venir? ¿Eres tan ilusa? ¿De verdad? No va a venir a por una chica estúpida que ni le dio las gracias por... ¿qué era? ¡ah! sí... SALVARLA DE MORIR EN MEDIO DE UN PARQUE- Ella se quedo callada, tragó saliva, miró hacia el gorro... "tiene razón... no va a venir a por mi, no va a venir a por su gorro..."pensó. Durante unos minutos de silencio, él decidió a irse -¡Espera!- dijo ella en el último momento -voy... voy contigo...- entonces se levantó y se acercó, mientras él sonreía, sabía que de nuevo había podido manipular a otra víctima más y lo mejor, que por fin iba a ganar la batalla contra el muchacho.

Quince días, siete latas de monster y cero ganas de abandonar, el muchacho cada noche miraba al cielo, le costaba dormir sin su perra y menos aún sabiendo que ella esta en manos de un ser cruel malvado y manipulador. Es el día dieciséis, no se había enfrentado a nada peligroso, el único problema es que sus rizos iban perdiendo fuerza y su barba cada vez crecía más, estaba claro, no podía aguantar más. Tocó algo con su guitarra y en unos segundos apareció delante de él una lata de monster, la bebió en medio segundo y empezó a correr. Tras corría se paró en seco, se escondió detrás de un arbusto y observo a un dragón. Tuvo una idea, lo podría cazar y así llegaría más pronto. Ando despacio, sin hacer ningún ruido, pero de repente el dragón giró y le ataco. Le mordió el brazo derecho y le hizo unos arañazos en la espalda. Tirado en el suelo ve al dragón volar lejos, encima su guitarra está destrozada, no hay monster ni nada... Se sienta debajo de un árbol, saca el gorro de la muchacha de la mochila "lo siento chica pequeña... creo que no seré el héroe que esperas..." piensa mientras se queda inconsciente.

Pasan los días, hasta semanas, y ella sigue siendo infeliz junto a ese... -Amor, ¿me quieres mucho?- preguntaba él mientras ella, atada, se ponía junto a él -Pues claro... señor...-
Ella mira por la gran ventana del salón, observa la libertad de los pájaros, el calor que da el sol. Se le escapa un par da lágrimas. Echa de menos a su pony y, aun que sea imposible, al muchacho. "Confiaba en ti... pensaba que, serías mi héroe, joder." Ahora solo le queda ser una infeliz sonriente para el resto de su vida, estar junto a ese para siempre.
-Amor, ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras?- pregunta el chico fingiendo que le interesa los sentimientos de ella -Eh.. nada. No pasa nada... amo- dice mientras se seca las lágrimas. Él se levanta, la pega, le empuja contra la pared haciendo que quede tirada en el suelo -No me mientas ser insignificante. ¡Lloras por él! ¿Verdad? Por ese estúpido chico que le importas una mierda. No eres nada para nadie, no significas nada, asúmelo de una jodida vez- En los ojos del chico no se ven nada, no se siente culpable de nada, en los ojos de ella, miles de lágrimas naces, puede que su cuerpo esté lleno de moratones y cortes, pero nunca se podrá curar su ser interior. Nunca.
De repente algo atraviesa la ventana, un trozo de guitarra -Oh... mierda. Ya llego este- y el chico se va corriendo a otra habitación. La chica se queda en el suelo, sin poder moverse, llorando y agarrando con toda su fuerza el gorro. Cuando se tranquiliza unos minutos ve entrar por la puerta al muchacho, "imposible" piensa ella mientras en su cara se dibuja su primera sonrisa desde hace días. El muchacho corre hacia ella -Pero.. ¿Qué te a echo ese nazi? Pero... dios... tranquila, estoy aquí- y la abraza, la abraza fuerte, a ella le da igual el dolor, ahora mismo se siente protegida. Viva. A salvo de cualquier mal.

sábado, 19 de mayo de 2012

El comienzo.


Existía una vez una chica muy muy muy bajita. Donde vivía era famosa por eso, pero también porque fue la primera que tenía tetas. Para ella eso fue algo horroroso, la verdad. Esas clases de gimnasia se hacían eternas.
Un día, cansada de todos esos comentarios, miradas y pensamientos se fue lejos, se puso su gorro azul y empezó a andar, pero primero se despidió de su pony de manchas.
Tras andar unos varios días llegó a un lugar muy muy lejano. Estaba cansada de andar y no había comido nada, además echaba de menos a su pony de manchas.
La pequeña chica se sentó en un parque, escondida detrás de unos arbustos se encontraba cuando, una bonita perra le empezó a lamer la oreja, era la primera vez que la chica sonría desde hace tiempo. Empezó a jugar con ella, le acariciaba olvidando que no tenía nada, que si no encontraba algo pronto podía morir, ella solo sonreía y jugaba con la perra. De repente apareció un muchacho, más alto que ella, claro está, y con un gorro con rayas grises y negras, pero él no dijo ningún comentario cruel ni nada eso. Este se puso delante de ella y dijo -¿Comiste?- Ella le miró sorprendida, con algo de miedo quizás, pero tenía tanto cansancio encima que no puedo ni decir que si o que no, simplemente se desmayó.
Cuando se despertó se encontró tumbada en el prado, junto a ella estaba este muchacho. Ella se levantó y se sentó, en cuanto la vio se acercó a ella. -¿Te encuentras mejor?- La chica le miró, esta vez con miedo, no sabía quién era ni qué había pasado desde que llegó. -Ems... ¿quién eres?...- dijo con un todo borde mientras se alejaba un poco de él.
-Yo... no tengas miedo. Estaba sacando a dar un paseo a mi perra y ella te encontró, pero te desmayaste y... mi deber era cuidarte, no podía dejarte aquí, sola... herida. Lo siento si te he molestado. Me voy ya. Adiós pequeña chica- dicho eso él se levanto y se fue con su perra.
Ella se quedó alucinando, se sentía mal por reaccionar así con él. "Si no fuera por él podía estar muerta. Tengo que ir a por él y darle las gracias y pedir perdón por mi comportamiento. El ha sido mi héroe." pensó mientras ya no le veía por la acera. Entonces se levantó, miró por si dejaba algo y observo el gorro del muchacho, lo cogió y se puso andar.
Entre pasos y más pasos se vio en medio de un enorme bosque de edificios. Por las calles había algunas persona, que naturalmente miraban mal a la pequeña chica. Ella no se daba cuenta, solo tenía en la mente a ese chico, tenía que darle su gorro, darle las gracias, tenía que saber su nombre, por eso empezó a mirar por las ventanas, pero nada. No había rastro de ese chico.
Se sentó en un portal para esperar un poco, para aclarar su mente, para saber donde se encontraba. "Ha sido una pésima idea... creo que me voy a rendir..." decía mientras se miraba el brazo. Observo una cicatriz, seguramente se la habría curado el muchacho. Una gran sombra se puso encima suya, miró hacia arriba y vio a un chico, alto, delgado, parecía de confianza.
-¿Estás bien?- dijo él mientras la levantaba del suelo. -Sí, bueno no. Estoy buscando a un chico alto, con rizos negros y barba. Vestía hoy de negro. Tiene una perra preciosa blanca y... y... esto le pertenece- Sacó el gorro de su mochila. Al chico se le iluminó la mirada -Emmm, sí, ya sé de quién hablas, ven, que llevo con él.- La chica fue con él, total, peor no podía estar.
Después de unos minutos andando se encontraron en un portal -Es este piso, llama- le dijo el chico mientras daba un paso atrás. Ella llamo y escucho su voz, era su voz, sorprenden. Pero antes de que pudiera decir algo el chico la agarro. Ella solo podría gritar, sus heridas empezaban a sangras de nuevo, nuevas heridas aparecían.
El muchacho se quedó inmóvil, quieto. No sabía de que se trataba, no sabía quien era ni si era una broma, pero de repente se escuchó un golpe y los gritos pararon. Escuchó una voz que podía reconocer a kilómetros. -Hola de nuevo, he conocido a tu nueva amiga, una chica muy dulce, pero eso ya lo sabrás ¿no? le dejas hasta tu gorro favorito... Si la quieres ver...viva, ya sabes lo que tienes que hacer. No te lo pienses mucho, ella no podrá aguantar tanto... Adiós...- El muchacho salió corriendo hacía la calle pero cuando llego a la puerta vio que era demasiado tarde. Salió para ver si la veía de lejos pero nada, estaban las calles vacías, ni una sola alma, nadie. Se sentó en el portal, no entendía nada, "ÉL había desaparecido... ya había acabado todo...",pensaba mientras apretaba los puños "encima ahora la tiene... es una desconocida pero...". No sabía que hacer, se encontraba atrapado ¿Qué iba a perder todo por su gorro? ¿Por una chica que conoció hace dos horas?
Se levantó y se dirigió hacia la puerta pero observo en una esquina una gorro azul, el gorro azul de la chica. Estaba claro, tenía que ir a devolvérselo, ella estaba en esta situación por lo mismo.