"No puede ser, no, no quiero que ella muera" piensa Monno mientras cada vez aprieta más a la chica a su cuerpo. Ella nota el corazón del muchacho, le hace sentir segura, pero nota la sangre por su brazo, sabe perfectamente que este es su final.
Monno observa de lejos el trozo de guitarra que tiró. Apoya lentamente a la chica en el suelo y va hacia el trozo. Lo coge con la esperanza de que salga alguna nota. Toca, toca y toca pero no sale nada, mira hacia ella y llora, "no puedo fallarla". De repente toca dos notas seguidas y aparece una pequeña lata de monster. La agarra con prisa y se acerca a la chica. La lata no es de color azul ni verde, ni de los colores típicos, la lata no tiene un color en concreto. Desde un lado se puede ver de un color y desde otro lado de otro color. -Te pondrás bien enseguida- dice mientras levanta la camiseta de la chica. Abre la lata y vierte el monster sobre la herida. Ella aprieta con fuerza la mano de Monno, hasta que, su mano ya no aprieta, su corazón deja de latir y sus pulmones ya no se llenan de aire.
Abre los ojos, pestañea un par de veces, levanta la mirada y observa una habitación desconocida. Mira a su alrededor y observa unas cuantas guitarras. "Pero... ¿Dónde estoy? Si yo me acuerdo de estar en el salón del nazi, y que había llegado Monno y que recibí un..." rápidamente se levanta la camiseta, lo ve. Ve la enorme cicatriz que demostraba que lo que había ocurrido no era un tonto sueño. Entonces aparece por la puerta una perra, una perra ya conocida por Kristie de sobra. La perra salta encima de la cama, se pone encima de ella y le empieza a lamer la cara. Kristie no podía estar más feliz, pero cuando se da cuenta está delante suya él, ese muchacho que lleva salvándole dos veces. Se levanta de la cama, se queda delante delante de él y antes de que pueda decir nada le abraza, le abraza con todas sus fuerza. -Te has puesto de puntillas- dice Monno mientras sonríe. -¡Por supuesto! ¿Qué clase de ser bajo soy si no me pongo de puntillas para abrazar a mis héroes?-
Kristie se sienta sobre la cama y respira tranquila -¿Te... te duele?- pregunta Monno señalando a la cicatriz -No... gracias. Sé que con un simple "gracias" no te lo agradezco todo lo que has echo por mi, pero... gracias- Monno la mira y le sonríe -No seas tonta ¿vale? Tú me has salvado la vida, yo solo te cuidé cuando lo necesitabas-
Tras una mañana llena de sonrisas, acordes, cafés y abrazos, Kristie comunica a Monno que tiene que volver a su casa, tiene que ir a por su pony con manchas. Él le acompaña hasta la calle -Cuídate ¿ oíste? no quiero que te pase nada- le dice mientras la abraza. -Tranquilo, es ir y... volver. No quiero quedarme allí todo la vida, la verdad, nos veremos pronto- Ella se separa, acaricia a la perra y mira a Monno -Volveré. Kristie SIEMPRE vuelve para atormentar tu vida- se acerca a él, se pone de puntillas y le da un beso en la mejilla. Da un paso hacia atrás, los dos suspiran, los dos piensan los mismo pero ninguno lo dice, sabes que sobran las palabras. Ella se da media vuelta, empieza andar, él se queda mirando pero, de repente sale corriendo a por ella, la para -Se te olvida eso- le enseña su gorro azul y se lo pone -Así mejor, ya eres la Kristie de siempre- Ella sonríe, por dentro no quiere irse, se quiere quedar y vivir alguna aventura más con él, pero no puede, tiene que ir a por su pony. Kristie no dice nada, se da media vuelta y sigue andando. Cuando nota que Monno va a entrar en el edificio se gira y grita "Te prometo que viviremos más aventuras".
Monno observa de lejos el trozo de guitarra que tiró. Apoya lentamente a la chica en el suelo y va hacia el trozo. Lo coge con la esperanza de que salga alguna nota. Toca, toca y toca pero no sale nada, mira hacia ella y llora, "no puedo fallarla". De repente toca dos notas seguidas y aparece una pequeña lata de monster. La agarra con prisa y se acerca a la chica. La lata no es de color azul ni verde, ni de los colores típicos, la lata no tiene un color en concreto. Desde un lado se puede ver de un color y desde otro lado de otro color. -Te pondrás bien enseguida- dice mientras levanta la camiseta de la chica. Abre la lata y vierte el monster sobre la herida. Ella aprieta con fuerza la mano de Monno, hasta que, su mano ya no aprieta, su corazón deja de latir y sus pulmones ya no se llenan de aire.
Abre los ojos, pestañea un par de veces, levanta la mirada y observa una habitación desconocida. Mira a su alrededor y observa unas cuantas guitarras. "Pero... ¿Dónde estoy? Si yo me acuerdo de estar en el salón del nazi, y que había llegado Monno y que recibí un..." rápidamente se levanta la camiseta, lo ve. Ve la enorme cicatriz que demostraba que lo que había ocurrido no era un tonto sueño. Entonces aparece por la puerta una perra, una perra ya conocida por Kristie de sobra. La perra salta encima de la cama, se pone encima de ella y le empieza a lamer la cara. Kristie no podía estar más feliz, pero cuando se da cuenta está delante suya él, ese muchacho que lleva salvándole dos veces. Se levanta de la cama, se queda delante delante de él y antes de que pueda decir nada le abraza, le abraza con todas sus fuerza. -Te has puesto de puntillas- dice Monno mientras sonríe. -¡Por supuesto! ¿Qué clase de ser bajo soy si no me pongo de puntillas para abrazar a mis héroes?-
Kristie se sienta sobre la cama y respira tranquila -¿Te... te duele?- pregunta Monno señalando a la cicatriz -No... gracias. Sé que con un simple "gracias" no te lo agradezco todo lo que has echo por mi, pero... gracias- Monno la mira y le sonríe -No seas tonta ¿vale? Tú me has salvado la vida, yo solo te cuidé cuando lo necesitabas-
Tras una mañana llena de sonrisas, acordes, cafés y abrazos, Kristie comunica a Monno que tiene que volver a su casa, tiene que ir a por su pony con manchas. Él le acompaña hasta la calle -Cuídate ¿ oíste? no quiero que te pase nada- le dice mientras la abraza. -Tranquilo, es ir y... volver. No quiero quedarme allí todo la vida, la verdad, nos veremos pronto- Ella se separa, acaricia a la perra y mira a Monno -Volveré. Kristie SIEMPRE vuelve para atormentar tu vida- se acerca a él, se pone de puntillas y le da un beso en la mejilla. Da un paso hacia atrás, los dos suspiran, los dos piensan los mismo pero ninguno lo dice, sabes que sobran las palabras. Ella se da media vuelta, empieza andar, él se queda mirando pero, de repente sale corriendo a por ella, la para -Se te olvida eso- le enseña su gorro azul y se lo pone -Así mejor, ya eres la Kristie de siempre- Ella sonríe, por dentro no quiere irse, se quiere quedar y vivir alguna aventura más con él, pero no puede, tiene que ir a por su pony. Kristie no dice nada, se da media vuelta y sigue andando. Cuando nota que Monno va a entrar en el edificio se gira y grita "Te prometo que viviremos más aventuras".